Toy Story 5

Por Jenifer Figueroa Ramírez, Fonoaudióloga – Ato Centro Terapeutico.

Cuando vi la propuesta de Toy Story 5, sentí que Pixar estaba tocando una de las conversaciones más importantes de la infancia actual: la relación entre los niños, el juego y las pantallas.
A simple vista, podría parecer una película más sobre juguetes que temen ser reemplazados. Pero desde mi mirada como fonoaudióloga, el tema es mucho más profundo. La pregunta no es solo si los niños están dejando de jugar con juguetes. La pregunta real es: ¿qué experiencias esenciales del desarrollo infantil están siendo desplazadas por las pantallas?

La infancia está cambiando antes de lo que creemos

En la película, Bonnie aparece ya más grande y recibe una tablet llamada Lilypad. El conflicto es claro: los juguetes comienzan a perder espacio frente a una pantalla que capta su atención.
Sin embargo, hay un punto crítico que me parece importante mencionar: en la vida real, las pantallas están llegando mucho antes de los 8 años.
Según el informe The 2025 Common Sense Census: Media Use by Kids Zero to Eight, los niños de 0 a 8 años utilizan pantallas cerca de 2 horas y media al día. Además, el mismo reporte señala que el 40% de los niños ya tiene una tablet a los 2 años y que casi 1 de cada 4 tiene un celular propio a los 8 años.
Esto nos obliga a mirar el tema con seriedad. No se trata de demonizar la tecnología ni de culpar a las familias. Las pantallas existen, son parte de la vida cotidiana y pueden tener usos positivos. Pero en la primera infancia, el tiempo, la calidad y el contexto de uso importan muchísimo.

Lo que una pantalla desplaza

Como fonoaudióloga, una de mis principales preocupaciones no es únicamente cuánto tiempo está un niño frente a una pantalla, sino qué deja de hacer mientras está frente a ella.
Cuando un niño juega con muñecos, bloques, autos, cocinitas, peluches o figuras, no está solo entreteniéndose. Está desarrollando habilidades fundamentales: lenguaje, narración, imitación, turnos conversacionales, planificación, flexibilidad, imaginación y resolución de problemas.
El juego simbólico —por ejemplo, hacer que un muñeco habla, que una caja es una casa o que un peluche está enfermo— es una forma de pensamiento complejo. Es la base de muchas habilidades comunicativas. En ese tipo de juego, el niño inventa historias, organiza secuencias, usa vocabulario, anticipa acciones y ensaya roles sociales.
Jugar es una necesidad, no un lujo.

La tecnología entretiene, pero no reemplaza el vínculo

Una tablet puede entretener. Puede calmar por un momento. Puede incluso enseñar ciertos contenidos si se usa de forma adecuada. Pero no reemplaza la interacción humana.
El lenguaje no se desarrolla solamente escuchando palabras desde una pantalla. El lenguaje se desarrolla en la mirada, en el turno, en la respuesta del adulto, en la imitación, en la emoción compartida y en el juego.
Cuando un niño dice “mira”, “toma”, “ayuda”, “se cayó”, “está durmiendo” o “vamos al doctor” mientras juega, está construyendo lenguaje desde la experiencia. Está conectando palabras con acciones, emociones y significados.

¿Cuánto espacio real tiene mi hijo para jugar, conversar, moverse, aburrirse y crear?

Lo que dicen las recomendaciones internacionales

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los menores de 2 años no tengan tiempo sedentario frente a pantallas, y que entre los 2 y 4 años el tiempo sedentario de pantalla no supere 1 hora diaria; incluso señala que menos es mejor.
Estas recomendaciones no buscan asustar a las familias. Buscan proteger una etapa del desarrollo donde el cerebro necesita experiencias concretas: movimiento, exploración, sueño, contacto con otros, juego activo y lenguaje en vivo.
En la práctica clínica, vemos con frecuencia niños pequeños que pasan mucho tiempo con pantallasy que presentan dificultades para sostener la atención conjunta, tolerar la espera, participar en juegos compartidos o ampliar su comunicación espontánea. Esto no significa que la pantalla sea siempre la causa única, pero sí puede ser un factor que influye cuando desplaza experiencias
esenciales.

Pantallas, ansiedad y síntomas depresivos

Un reporte del CDC/NCHS encontró que los adolescentes que usaban pantallas 4 horas o más al día presentaban con mayor frecuencia síntomas recientes de ansiedad y depresión. En ese grupo, 27,1% reportó síntomas de ansiedad y 25,9% síntomas depresivos. En quienes usaban pantallas menos de 4 horas al día, la ansiedad reportada fue de 12,3%.
Es importante decirlo con responsabilidad: estos datos muestran una asociación, no prueban que la pantalla sea la única causa de ansiedad o depresión. La salud mental es multifactorial. Influyen el vínculo familiar, el sueño, la actividad física, el colegio, las relaciones sociales, las experiencias emocionales y muchos otros elementos.
Pero el dato sí nos entrega una advertencia: cuando el uso de pantallas aumenta y comienza a reemplazar sueño, juego, conversación, movimiento y vínculo, el bienestar emocional puede verse afectado.

El sueño: un tema que no podemos dejar fuera

Uno de los puntos que más me llamó la atención del análisis de Toy Story 5 es la presencia de pantallas de noche. Esa imagen no es menor. En muchas casas, el dispositivo se ha instalado en la rutina nocturna: antes de dormir, en la cama, con la luz apagada o como forma de calmar al niño.
El problema es que el sueño es una función fundamental para el desarrollo. Un niño que duerme mal puede estar más irritable, más impulsivo, menos atento y con mayor dificultad para aprender y regularse emocionalmente.
Desde una mirada terapéutica, esto es clave. A veces una familia consulta porque el niño está más desregulado, no obedece, se frustra mucho o no se concentra. Y al revisar la rutina, aparece un factor que parecía secundario: poco sueño, mala calidad de sueño o uso de pantallas hasta tarde.

Los juguetes también están compitiendo con algoritmos

Hay una frase que resume muy bien lo que está ocurriendo: los juguetes ya no compiten solo con otros juguetes; compiten con algoritmos diseñados para capturar atención.
La industria global del juguete también ha mostrado cambios importantes. Circana reportó que las ventas globales de juguetes en 12 mercados bajaron 7% en 2023 respecto de 2022, y luego se estabilizaron con una baja más leve de 0,6% en 2024.
Sería irresponsable decir que esta caída se debe exclusivamente al uso de pantallas. También influyen la economía, la inflación, la natalidad y los cambios de consumo. Pero sí podemos afirmar algo: el juego tradicional hoy compite con una industria digital altamente sofisticada, inmediata y personalizada.
Los juguetes ya no compiten solo con otros juguetes; compiten con algoritmos.

Mi mirada como fonoaudióloga

Desde mi experiencia, el objetivo no es criar niños sin tecnología. Eso sería poco realista. El objetivo es criar niños que no dependan de la tecnología para regularse, entretenerse, vincularse o dormir.
Antes de una tablet, un niño pequeño necesita mirar rostros. Antes de un video automático, necesita escuchar voces reales. Antes de pasar pantallas con el dedo, necesita explorar con sus manos.
Antes de consumir historias, necesita inventarlas. Antes de dormir con un dispositivo, necesita una rutina segura y tranquila.
Por eso, cuando veo una película como Toy Story 5, no veo solo nostalgia por los juguetes. Veo una oportunidad para hablar de desarrollo infantil, lenguaje, juego simbólico, sueño y salud mental.

No se trata de culpa, se trata de conciencia

Sé que muchas familias usan pantallas porque están cansadas, porque trabajan, porque necesitan resolver la rutina o porque no tienen redes de apoyo. Por eso, esta conversación no debe hacerse desde la culpa. Debe hacerse desde la conciencia.
La pregunta no es: ¿soy mala mamá o mal papá porque mi hijo usa pantalla? La pregunta es: ¿qué pequeños cambios puedo hacer para devolverle espacio al juego, al vínculo y al descanso?

Acciones simples:

-Reducir pantallas durante las comidas.
-Evitar pantallas antes de dormir.
-No usar pantallas como única estrategia de calma.
-Reservar momentos diarios de juego sin dispositivos.
-Leer cuentos, cantar, conversar y jugar aunque sean 10 minutos.
-Observar si el niño está perdiendo interés por el juego real.
-Revisar si el sueño, la conducta o el lenguaje se están viendo afectados.

Volver a mirar la infancia

Toy Story 5 nos recuerda algo que como adultos a veces olvidamos: el juego no es una actividad secundaria. El juego es el lenguaje natural de la infancia.
A través del juego, los niños elaboran emociones, comprenden el mundo, ensayan vínculos, organizan ideas y desarrollan comunicación.
La tecnología puede acompañar ciertos momentos, pero no debería ocupar el lugar del juego, del vínculo ni del descanso. Porque el desarrollo infantil no ocurre dentro de una pantalla. Ocurre en la vida real: en el suelo, en la plaza, en una conversación, en un cuento, en una torre que se cae, en un muñeco que habla, en un adulto que responde.
Como fonoaudióloga, mi invitación es simple: menos pantalla automática, más juego real, más lenguaje y más presencia.
Porque la infancia no necesita más estímulos. Muchas veces, necesita más tiempo, más vínculo y más oportunidades para jugar.

Referencias breves:

-Common Sense Media
-CDC/NCHS
-Organización Mundial de la Salud
-Circana

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